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Terra
La Coctelera

HISTORIA DE LA PAELLA

La Paella surge en las zonas rurales de Valencia entre el siglo XV y XVI,
por la necesidad de los campesinos y pastores de una comida fácil de
preparar y con los ingredientes que tenían a mano en el campo.

No es conocido si la Paella marinera nace al mismo tiempo que la Paella en
el campo, pero junto al mar existen diferentes ingredientes que permitieron
que desarrollara esta sabrosa alternativa.

En sus orígenes los ingredientes de la Paella eran, las aves, el conejo
de campo o liebre, las verduras frescas que se tuvieran al alcance,
el arroz, azafrán y aceite de oliva que se mezclaban en la Paella con el
agua y se cocinaban lentamente a fuego efectuado con leña de ramas de naranjos,
que al mismo tiempo dan sabor y un olor característico.

Paella es el nombre del perol de donde el sabroso plato toma su nombre.
La Paella o paellera es desarrollada de forma aplanada para facilitar su
transporte a lomo de bestia.

la principal fuente de riqueza de la comarca era la agricultura, las zonas
de labranza estaban a menudo, a larga distancia de los núcleos urbanos y
como el único medio de transporte era el carro y los animales de carga,
prácticamente era imposible realizar los viajes de ida y vuelta en el día,
los agricultores debían pasar todo el día en el campo, e incluso varias
jornadas haciendo noche en modestas chozas o casas de labranza.

Durante el periodo de trabajo la alimentación era a base de embutidos,
algo de caza y comida "de caliente" que ellos mismos cocinaban en un
utensilio de cocina, tipo escudilla, muy parecido a la sartén pero sin
mango para poder ser fácilmente transportado en un carro lleno de sacos.
Los platos que solían cocinar eran de confección rápida y sencilla y de
consistencia sólida: Paella, Migas, Mojete (con harina de almortas y bacalao) y
y Gazpacho. Eran a la vez primero y segundo plato.

La mentalidad de los habitantes de estos pueblos siempre ha ido unos años
por delante de los de las poblaciones limítrofes, este hecho fue esencial
porque los varones no tenían ningún reparo en ayudar a las mujeres de la
casa en las tareas de la cocina haciendo que naciera la Paella.

En las fiestas y días señalados se degustaban tartas y dulces típicos cuya
preparación requería una dedicación exclusiva por parte de las mujeres,
las habituales cocineras. La base de la alimentación en la Valencia del
siglo XIX era el arroz "caldoso" cocinado en un puchero de barro o metal.

Los hombres empezaron a echar una mano siendo ellos los que, mientras las
mujeres preparaban los dulces, confeccionaban la comida principal a partir
de arroz y conejo de monte que ellos mismos habían cazado. Pero los
agricultores solo se sentían cómodos cocinando en el mismo utensilio que
llevaban al campo y para ellos el punto idóneo de cocción del arroz era
obtener un alimento de consistencia semiseca, como el mojete o las migas:
había nacido el arroz en Paella (la palabra Paella define el utensilio de
cocina similar a la sartén pero sin "rabo"), actualmente el conejo es casero
y la aves han sido sustituidas por pollo o pato.

VATEL Y LA CHANTILLY

Según la tradición, esta delicia nació de un contratiempo culinario: durante una importante comida, la crema fresca para el postre habría sido insuficiente, por lo cual un pinche de cocina tuvo la idea de batirla para aumentar su volumen y lograr que alcanzara para todos los invitados.

Pero una versión alternativa - con bases históricas más sólidas- adjudica esa idea al célebre françoise Vatel, a mediados del siglo XVII, quien se desempeñaba como maestro de ceremonias y festejos en el castillo de Chantilly, al norte de París.

Vatel era suizo pero trabajaba para Luis II de Borbón, Príncipe de Condé, en los tiempos en que Luis XIV decía muy satisfecho "el Estado soy yo". Eran los años difíciles en la corte de Versailles: no conformar al Rey Sol podía causar un dolor de cabeza, disgustarlo podía causar perderla. Para colmo los caprichos del soberano y su séquito eran impredecibles y el refinamiento de la moda y de las costumbres llegaba hasta el amaneramiento y la exageración.

En ese mundo barroco, Vatel brillaba con luz propia, su fama era extensa y se dice que los platos que ideaba habían cautivado a todos. En 1660 el gran cocinero había creado una crema especial para agasajar al Rey en una fiesta en el castillo de Vaux le Vicomte en las afueras de París.

Años después, ya al servicio del Príncipe de Condé, se instaló en Chantilly, donde esa crema -tal vez su creación menos elaborada pero aún vigente- alcanzó su máxima expresión y tomó el nombre de ese terruño. Algo muy justo, pues parece que la crema fresca que se producía en las lecherías adyacentes a los dominios del Príncipe era excepcional y fue la base del éxito de la receta.

La consagración final se dio en 1671 con la visita de tres días al castillo de Chantilly de Luis XIV con toda su corte. Al final de los elaboradísimos platos el postre estrella fueron las frutillas con crema: todos quedaron cautivados con los inmaculados rizos y ondas de la crema, que mantenían la forma y deleitaban con su sabor y textura insuperables.

Pero acá también viene la parte trágica del relato. Más de dos mil nobles afectados y volubles (por lo menos así los pinta la historia) querían disfrutar de los festejos y los banquetes que cinco veces por día debía organizar Vatel. Algo estresante -aún hoy- para cualquier maitre. El apasionado Vatel puse en juego su buen nombre en cada plato y cuando no llegó el pescado para la cena del último día se sintió deshonrado.

Se encerró en su pieza, tomó su espada y se arrojó sobre ella, atravesándose el corazòn.

Para los frívolos cortesanos fue una anécdota más, pero a nosotros nos deja algunas enseñanzas: la primera es que a la larga lo genuino triunfa sobre lo artificioso, la segunda es que no conviene tomarse las cosas tan a pecho: al inventor de la crema Chantilly bien se le podía perdonar que falte el pescado. En realidad, al inventor de la crema Chantilly se le puede perdonar todo.

LA HISTORIA DEL PAN

Ya en la Época Neolítica, un antepasado del hombre conoció de las propiedades de las semillas y de los cereales, y desde ese momento, el pan ha formando parte de la cultura universal del hombre.

Egipto

Las excelentes condiciones que el río Nilo ofrecía para el cultivo de cereales, obedecía a sus constantes crecidas. Se han encontrado datos por los que se sabe que en la IV dinastía, en el año 2700 A. de C., se elaboraba pan y un tipo de galletas.

El alimento de los egipcios pobres se componía principalmente de pan y cebolla -de ahí el famoso dicho- "Contigo, pan y cebolla".

La evolución en la panificación se produjo de forma importante durante esta civilización, ya que fueron los egipcios los que descubrieron la fermentación y con ella el verdadero pan, el pan fermentado. El pan sin fermentar -sin levadura- se denomina pan ácimo. El código de Hammurabi (2000 A. de C.) habla ya de "cerveza comible" y "pan bebible", refiriéndose al pan y a la cerveza de cebada, ambos elaborados con la mezcla de cebada y levadura. Sin embargo, los egipcios se dedicaron en mayor medida al cultivo de trigo ya que la cebada fermentaba mal.Se puede decir que el pueblo egipcio consolidó las técnicas de panificación y creó los primeros hornos para cocer el pan, en este sentido en el año 4000 A. de C. fue desenterrado un horno en las excavaciones próximas a Babilonia.

Según un historiador francés, los egipcios "inventaron" la costumbre gastronómica de colocar un pequeño pan de trigo en el lugar de cada comensal.

El pan del mundo griego

Una vez que Grecia adopta el invento del pan, a través de las relaciones comerciales con los egipcios, lo perfecciona. Fueron los griegos, en el siglo III A. De C los que hicieron un arte de la panadería, crearon más de setenta panes diferentes, los panaderos griegos inventaban formas variadas a los panes utilizados para fiestas religiosas, probaban diferentes masas panaderas: trigo, cebada, avena, salvado, centeno e incluso masa de arroz; añadiendo a estas, especias, miel, aceites, frutos secos… y seguramente fueron los precursores de la pastelería.

En un museo de Suiza, se conserva la torta más antigua, conocida como "torta de Corcelles" del año 2800 A. Da C.

El pan comenzó siendo para los griegos un alimento ritual de origen divino pero luego pasó a convertirse en el sustento popular, símbolo de la comida por excelencia. El pan ácimo -sin fermentar- era considerado un manjar.

Este alimento es nombrado en varios escritos de poetas y filósofos griegos: Homero, Platón, Aristófanes, Ateneo, lo que representa que la cultura del pan ha estado presente en las más destacadas culturas.

Para muchos historiadores el mito de Jasón en busca del Vellocino de oro es una metáfora de las rutas griegas en busca de trigo.

El pan de la época romana

En un principio, en el pueblo romano se restringe la elaboración del pan. Preferían alimentarse de gachas y papillas; el pan se consideraba por el pueblo como algo ajeno, nada alcanzable; sólo aparecía en las comidas de los señores pudientes.

En el año 30 A. De C. Roma cuenta con más de 300 panaderías dirigidas por profesionales cualificados griegos; en estas los procesos de elaboración y cocción eran realizados por diferentes profesionales; el precio estaba perfectamente regulado por los magistrados y en el año 100, en época del emperador Trajano, se constituye una primera asociación de panaderos: el Colegio Oficial de Panaderos de carácter privilegiado (exención de impuestos) y se reglamentaba estrictamente la profesión: era heredada obligatoriamente de padres a hijos.

Los romanos mejoraron los molinos, las máquinas de amasar, y los hornos de tal manera, que, hoy en día se denomina "horno romano" al horno de calentamiento directo.

El pan en Roma cobra gran importancia, según el poeta latino Juvenal, en su sátira resalta que los romanos sólo necesitaban panem et circenses, pan y el circo.

Los panaderos distinguían los panes en función de su composición, forma y función, crearon el panis militaris, especialmente fabricado para los soldados, y que tenía larga duración, ya que durante sus marchas en pro de conquistas, tenían una dieta basada en pan y vino, siendo ésta quizá la primera unión de estos alimentos tan significativos en la historia. Esto llevó a que se construyeran panaderías exclusivamente militares donde se almacenaban reservas de cereales y de pan.

El pan de harina blanca era más valorado que el pan moreno, que lo comían pobres y esclavos: panis plebeius.

Roma propagó la cultura del pan por todas sus colonias, excepto en Hispanía, donde la existencia del pan era anterior a la colonización romana; los celtíberos ya conocían las técnicas de amasar y panificar el trigo.

El pan en la Edad Media

Durante la Edad Media no se produjeron progresos notables en la panificación. Además del cultivo de trigo y de centeno, se continuó con el de cebada.

En Europa, el cultivo de cereales descendió, y con ello vinieron los periodos de hambre, la escasez del alimento base, la escasez del pan. En las épocas de más hambre, el pan es el alimento más preciado. Así se muestra en la literatura de la época, por ejemplo en el Lazarillo de Tormes, el hambriento Lazarillo, indica: " Y comienzo a desmigajar el pan sobre unos no muy costosos manteles…Después como quien toma una gragea, lo comí y algo me consolé".

En muchos lugares de Europa los monasterios se convirtieron en los principales productores de pan.

El pan blanco, en esta época seguía siendo signo de prestigio social, sólo accesible para clases ricas y pudientes.

En el año 943, en Francia, "el mal de los ardientes" surge por el consumo del pan de centeno contaminado por el cornezuelo, hongo parásito que envenena la espiga de este cereal.

Las ciudades en la Edad Media empiezan a cobrar importancia, y ya en el siglo XII surgen los primeros gremios de artesanos de todo tipo de profesionales. Así, el gremio panadero se asocia y se constituyen como profesionales del pan. Al ser el pan alimento base de la población, en esta época, al igual que en Roma, la producción y distribución del pan esta regulada por el gobierno.

Además de ser alimento base, el pan también se utilizaba -en ambientes de clases adineradas- como plato para colocar la comida, y una vez usado se lanzaba a los pobres.

El pan en la época moderna

A finales siglo XVIII, progresa de agricultura, las investigaciones sobre la harina y se consigue la mejora en técnica del molino; aumenta la producción del trigo y se consigue una harina mejor. El precio del pan baja al aumentar la oferta y el pan blanco (antes solo para determinadas clases sociales) llega a toda la población.

En el siglo XIX se inventa el molino de vapor; así fueron evolucionando los sistemas de panificación y se añade una nueva fase a la elaboración del pan: la aireación de la masa; aparece un nuevo tipo de levadura y surgen técnicas mecánicas para amasar el pan; con estas mejoras la industria del pan va creciendo de manera rápida.

El pan en España

Es introducido por los celtíberos, siglo III A. De C., por lo que ya se conocía cuando llegaron los romanos a la península.

En la España mozárabe el cultivo de cereales, que no era extenso, era suficiente y por esto el pan era el alimento base de la dieta cotidiana; en cada casa, el ciudadano amasaba el que iba a ser su futuro pan, le ponía una marca que lo distinguiera y lo llevaba a cocer a los hornos públicos, el panadero cobraba una tasa por ello. Durante esta época se consumía pan blanco y el llamado "pan rojo", un pan más tosco, formado por harina y salvado.

Autores españoles, desde Gonzalo de Berceo hasta los autores del siglo de oro, como Cervantes, Lope de Vega, Tirso de Molina, citaron en muchas de sus narraciones o poemas el pan de la península Ibérica. Y en la España post-renacentista, Zurbarán y Velázquez lo representarán en sus bodegones.

Las primeras leyes que regulaban la panificación en nuestro país aparecen en el siglo XIV. La hermandad de panaderos españoles, que en el siglo XV se transforma en Corporación de Oficio, se mantiene hasta el siglo XIX.

En España, especialmente en la zona mediterránea, existen gremios de panaderos desde hace más de 750 años. En el año 1200 consta la existencia escrita del gremio de panaderos de Barcelona.

El pan en la religión

El cristianismo también ha utilizado el pan como símbolo, Dios se reencarnó en pan de trigo para quedarse en el mundo y Jesús nace en Belén, que significa pan. En muchos pasajes bíblicos, se nombra el pan. Con Jesús de Nazaret se sigue la tradición judía de la bendición del pan y el vino. El pan fue el alimento de la última cena, y en torno a él se celebra el sacramento de la Eucaristía.

Dios le dijo a Ezequiel que hiciera diferentes panes con cebada, habas, lentejas y mijo.

El pan también se ha dotado de efectos benditos y milagrosos en muchos lugares de España, para la curación de enfermedades, para ahuyentar malos espíritus